Cómo vestir a los 50 sin intentar parecer de 30
La trampa de la moda joven es que envejece al que la lleva. La elegancia, en cambio, no tiene edad: solo necesita criterio.
Vivo y escribo desde Granada, y eso para esta profesión todavía importa. Me dedico a la crítica de moda y belleza con una idea fija: la conversación está demasiado encerrada entre la calle Goya y Salamanca, y mientras tanto, en los talleres del Realejo, en una tienda de Recogidas o en un patio de Sevilla, está pasando otra cosa. Me interesa esa otra cosa.
Me formé en una agencia de comunicación de moda, vi cómo se cocina el discurso oficial y me fui a poder hablar libre. Escribo sobre patronaje, tallaje, producción real, materia prima. Sobre quién cose lo que llevas puesto y por cuánto. Conozco a las diseñadoras pequeñas del sur por su nombre y por su taller, y prefiero contar su trabajo a recomendarte la nueva chaqueta de un director creativo francés.
Del cuerpo hablo sin pedir permiso a la industria. Cuerpo real, talla 44 incluida, sin body positive vacío y sin la condescendencia de las pasarelas que llaman atrevida a la misma chaqueta de hombros marcados desde 2005.
La moda española no se hace solo en Madrid, y eso no es decoración: es argumento.
La trampa de la moda joven es que envejece al que la lleva. La elegancia, en cambio, no tiene edad: solo necesita criterio.
Moda
La actriz francesa que entendió antes que nadie que la elegancia es una forma de discreción. Cuatro décadas de apariciones públicas con la misma idea fija — vestirse contra el espectáculo — y por qué ese gesto sigue teniendo más fuerza que la mayoría de los front rows actuales.