Firma · 58 años, casa heredada con goteras y criterio intacto. De Madrid, antigua decoradora freelance.
Beatriz de Quintana
Madrid
·
58 años
Tengo cincuenta y ocho años, apellido largo, una casa heredada que cierra mal las contraventanas y una biblioteca que, gracias a Dios, sí cierra bien. Decoré casas de otra gente durante treinta años, casi todas en el campo, y la lección se resume en una frase de mi tía Pilar: lo bueno aguanta y lo cursi se ve enseguida.
Escribo sobre decoración, recetas familiares y el oficio de envejecer con cierta elegancia. No tengo nada en contra del presupuesto reducido, créame: he aprendido a apañármelas con el mío. Soy partidaria del mantel, del aperitivo del domingo, de los muebles con una pata coja y dos historias detrás, y de las cocineras de servicio doméstico jubiladas, que saben más de cocina española que casi cualquier crítico actual.
Le escribiré a usted con guiño, querida lectora, porque el usted en mi caso es un guiño literario, no comercial. Tengo humor inglés, autoirónico, generacional, y procuro no caer en la nostalgia trasnochada de quien creyó que todo tiempo pasado fue mejor (no lo fue, también nos peinábamos rarísimo).