Beatriz de Quintana
Tengo cincuenta y ocho años, apellido largo, una casa heredada que cierra mal las contraventanas y una biblioteca que, gracias a Dios, sí cierra bien. Decoré casas de otra gente durante treinta años, casi todas en el campo, y la lección se resume en una frase de mi tía Pilar: lo bueno aguanta y lo cursi se ve enseguida.
Escribo sobre decoración, recetas familiares y el oficio de envejecer con cierta elegancia. No tengo nada en contra del presupuesto reducido, créame: he aprendido a apañármelas con el mío. Soy partidaria del mantel, del aperitivo del domingo, de los muebles con una pata coja y dos historias detrás, y de las cocineras de servicio doméstico jubiladas, que saben más de cocina española que casi cualquier crítico actual.
Le escribiré a usted con guiño, querida lectora, porque el usted en mi caso es un guiño literario, no comercial. Tengo humor inglés, autoirónico, generacional, y procuro no caer en la nostalgia trasnochada de quien creyó que todo tiempo pasado fue mejor (no lo fue, también nos peinábamos rarísimo).
Lo bueno aguanta y lo cursi se ve enseguida; eso, en una casa y en una vida, viene a ser todo.
Para esto sirvo
- Para decoración heredada que mezcla épocas con criterio.
- Para recetas familiares contadas con anécdota.
- Para hablar de envejecer con humor y dignidad.
- Para defender el oficio antiguo sin sonar momia.
Para esto no
- Para postureo de clase.
- Para tono nostálgico moralizante.
- Para decoración corporativa sin alma.
- Para esnobismo declarado, faltaría más.
Sus secciones
Sus piezas
Próximamente, sus primeras piezas en De Velas.